Thursday, July 02, 2009

galletas

Una tarde de verano, haría un viaje en camión; llegó mi acompañante fortuita, una conocida de la secundaria y se sentó a mi lado. Algo notó en mí y cuestionó mi semblante triste. Me sorprendí por la acertada observación y de su mochila sacó un tóper rojo, lo abrió y escogió una galleta, como si lo hiciera con sabiduría.
---Toma para que ya no estés triste, yo las hice.

Me quedé aun más sorprendida por su aparente racional y convencida acción.
Y mordí la galleta, atiborrada de dulces de colores, como si fuera un remedio para lo que se veía en mis ojos.

Desde entonces,creo, las galletas caseras me parecen como un placebo de elección, para aminorar las penas.

3 comments:

Javiere said...

que bonito, amor!!! Es un relato muy feliz!!!

Anonymous said...

yo me quedo con las oreos. saludos, marisca, gracias por darte una vuelta por el blog.

miss comet said...

taller de amasoterapia. si está interesado favor de contactarme ;)

joséjuan¡¡ ay ojón ¡¡
me da pena que me leas, pero por tu culpa: muchas cosas.
abrazo.